Ismael Vidales Delgado
En la vida de las personas ocurren cosas que de alguna manera cobran especial significado, una de ellas es “hacer amigos”. Cuando logré ascender al cargo de subdirector, fui asignado a la Esc. Sec. No. 4 “Miguel Alemán” en la calle de Abasolo en el Barrio Antiguo de esta ciudad, allí conocí a Guillermo Lozano, era el director.
Guillermo y yo contemporizamos en la Normal Superior pero ciertamente no cruzábamos palabra, nuestros respectivos ámbitos de estudio y trabajo eran distintos, fue en la Secundaria No.4 en donde nació una amistad que felizmente disfrutamos hasta la fecha.
“Memo” Lozano, es un personaje polémico en su desempeño político, pulcro y organizado en el trabajo, rígido en sus principios, justo y objetivo en sus juicios, pero ante todo, una persona que hace del sufrimiento una oportunidad de vivir, de la amistad una norma, y del trabajo una devoción.
Él es de Linares, del milenio y del siglo pasado, nació el 25 de junio de 1931 procreado en el matrimonio de don Carlos Lozano Alardín y doña Dolores Tijerina Cervantes. En este bello municipio de la zona cítrica del Estado cursó sus estudios primarios y secundarios entre 1938 y 1947.
Como toda gente de pueblo, aspiraba a llegar a la capital y seguir hurgando aquí y allá, siempre en busca de nuevas palabras, nuevas ilusiones y crecientes sueños, así llegó a la Preparatoria No. 1 “Colegio Civil” de la UNL, con la esperanza de cursar alguna carrera universitaria, pero el camino estaba trazado desde arriba, y en 1949 era ya alumno de la Normal “Ing. Miguel F. Martínez” que le otorgaría el título de Maestro de Instrucción Primaria en 1952.
Inició el ejercicio magisterial en la escuela primaria “Abelardo L. Rodríguez” en la Colonia Independencia de esta Capital, allí tuvo la fortuna de recibir bondadosamente las experiencias de maestras de la talla de Margarita Rodríguez, Isabel Bello y Andrea Zavala, estas dos últimas, serían destacadas catedráticas de la normal “Miguel F. Martínez” cuando renació en el Oriente de la Avenida Constitución. Diría el propio Guillermo, “...de ellas recibí, el apoyo tan necesario en alguien que comienza, y ellas con una generosidad sin límites me fueron dando los pequeños grandes secretos de la profesión y al través del ejemplo y de sus virtudes fueron modelando lo que sería después el maestro que guarda para ellas un profundo agradecimiento”.
Su experiencia como maestro de adolescentes inició en la Escuela Secundaria No. 4 “Miguel Alemán” en Monterrey, de nueva cuenta, allí encontró el afecto y la amistad de nuevos compañeros maestros con los que aún guarda fuertes lazos fraternales. Sin embargo, señala con especial emoción a Sarita Medellín Yánez y a José Juan Charles Luna; de la primera resalta un gesto especial: habiendo perdido a un hermano en forma violenta y repentina, sorprendido y agobiado, incapaz de reaccionar coherentemente como nos ocurre a todos al ser enterados de la muerte súbita de un ser querido Sarita, simple y espontáneamente tomó una bolsa llena de dinero del que suele recogerse en cualquier escuela después de la matrícula y la venta de dulces y alimentos en el recreo, y le dijo, con tal sinceridad “ándele, Guillermo, llévese esto, vaya y arregle lo que pueda con su familia”. ¡Cómo olvidar un gesto de esta naturaleza y de tal autenticidad!. Al maestro Charles, simplemente lo recuerda como el maestroamigocompañero “cuasi padre”, que mayor influencia positiva ejerció en su formación integral como maestro y como persona. “Espero no haberle fallado”, dice nostálgico, Guillermo.
Al iniciar actividades la Normal Superior, Guillermo fue uno de sus primeros alumnos y fue el primer alumno titulado de tan noble institución. Precisamente el 11 de mayo de 1966 sustentó examen profesional, lo cual le permitiría cursar posteriormente la Maestría en la Especialidad de “Lengua y Literatura Españolas” recibiendo la respectiva Carta de Pasante el día 26 de julio de 1979.
Tanto en la Normal Superior como en la Escuela de Graduados de ésta, Guillermo era un popular personaje: su aspecto de Quijote, sus espontáneas carcajadas, su facilidad empática, y sus significadas participaciones académicas le permitían gozar de un amplio círculo de amistades, colaboradores y amigos. Entre los recuerdos más gratos que tiene Guillermo de esa época, destaca la figura del maestro Serafín García Dávila, con quien, puedo decirlo con orgullo, todos cuantos lo conocimos, cultivamos especial amistad y cariño, su hombría de bien, su finura en el trato, su bondadosa sonrisa y esa disposición permanente de ayudar, nos hicieron quererlo, recordarlo y llevarlo siempre como ejemplo de “hombre de bien”.
Guillermo tiene dos hijos de su matrimonio con Magdalena Rubio Díaz (finada): José que está casado con Susana Fernández y Magdalena Ivette que es esposa de Edgardo González quienes le ha dado tres nietos de nombres Ivette, Magdalena y Edgardo cuyos logros, ocurrencias, destellos intelectuales y afectos comparte con su actual esposa, la maestra Ma. del Refugio Leal Marroquín.
Sería largo enumerar y describir el desempeño profesional de mi biografiado, sin embargo, algunas precisiones serían: entre 1950 59 se desempeñó como maestro de primaria en escuelas públicas de la localidad; de 1959 hasta 1983 ejerció en escuelas secundarias; entre 1963 y 1966 incursionó en la educación normal particular; de 1974 a 1998 dirigió escuelas secundarias estatales y federales; de 1980 hasta 1983 se desempeñó como Inspector de secundarias en la región de Linares; desde 1967 hasta 1973 ocupó el cargo de Secretario Administrativo de la Normal Superior pasando luego al cargo de Sub Director de los Cursos Intensivos de 1976 a 1979. Durante la gestión del Dr. Luis E. Todd como responsable de los Servicios Coordinados de Educación, se desempeñó como Jefe de Pagos. También fue el fundador de la escuela secundaria federal No. 40 en La Fortaleza, santa Catarina, N.L..
Actualmente imparte las cátedras de Filosofía y de Historia de la Educación en el posgrado de la Universidad Avanzada de Monterrey, de esta ciudad capital.
También incursionó en la Facultad de Trabajo Social de la UNL entre 1955 y 59. Estudió como becario de la Secretaría de Salubridad y Asistencia el curso de “Organizador de Comunidades” y al concluirlo se desempeñó en Xochimilco durante las campañas de vacunación intensiva. Recuerda de entonces una anécdota en la que tuvo que empeñar toda su capacidad para convencer a los habitantes del lugar de que la vacunación era para proteger a los niños del paludismo y “no se trataba de sacarles manteca de la pancita, para hacer aceite para los aviones” como ellos creían y por lo que estuvieron a punto de linchar a los promotores de salud.
En el duro bregar de la vida, recién casado y urgido de dinero, incursionó como obrero de Pémex en una corta temporada en los campamentos de Nueva Rosita, Coahuila, teniendo de esa época gratos e ingratos recuerdos.
Su desempeño laboral le ha redituado, además de los emolumentos correspondientes, grandes riquezas afectivas y una enorme experiencia profesional que han quedado testimoniadas: por el Gobierno del Estado de Nuevo León mediante el otorgamiento de las medallas “Miguel Guadiana”, y “Rafael Ramírez”; así mismo la nación le entregó de manos del presidente de la República Carlos Salinas de Gortari, la Medalla “Ignacio M. Altamirano”.
El 18 de octubre de 1995 recibió constancia de conclusión del Diplomado en “Orientación Familiar”
El 19 de enero de 1996 le fue entregada constancia de participación de la elaboración del Manual de “Talleres para Padres” de parte de la Coordinadora General de dicho Programa, Profra. María del Refugio González Lozano; así mismo, el 19 de febrero del mismo año, la SENL le expidió constancia de asesor del programa de radio “Compartiendo”.
En el Estado de Nayarit, la Directora del Instituto Estatal de Educación Normal, Profra. Evelia Béjar Fonseca, le extendió, el 18 de abril de 1996, reconocimiento especial por la sustentación de un ciclo de conferencias de corte valoral para maestros, padres de familia y alumnos de dicho Instituto. Igualmente, en Nayarit, el Profr. Neftalí Castillón Valencia, Director de los Servicios de Educación Pública del Estado, le otorgó un merecido Reconocimiento como Conductor del curso “Prevención contra las Adicciones” dirigido a maestros durante los días del 15 al 19 de abril de 1996.
El 7 de diciembre de 1996 se le otorgó Diploma al Mérito Leonístico sin ser miembro de este organismo por el desinteresado y valioso desempeño en las acciones que en pro de la comunidad realizó el mencionado Club. El día 19 de diciembre del mismo año, el Presidente Nacional de los Clubes de Leones, Lic. César Guerra del Castillo le entrega un reconocimiento expreso, en ceremonia especial, por su destacada participación en la campaña nacional “Quiérete, Quiéreme, Por un México sin Adicciones”.
En junio de 1997, Guillermo recibió constancia de participación en el congreso nacional “La Familia como Centro en la Prevención de las Adicciones” que se realizó en Monterrey del 19 al 21 del citado mes.
Como dije antes, Guillermo y yo compartimos gratas experiencias en la Secundaria No. 4 “Miguel Alemán”, de esos años, Guillermo recuerda y yo lo corroboro, a las hermosas y gentiles secretarias Ma Isabel Guadiana, festiva, desinhibida, directa y ante todo respetuosa y servicial; Margarita Arizpe, grande de estatura y de corazón, sencilla, discreta y eficiente; Judith, animosa, servicial, tímida y profesional; Cony, bullanguera, bromista, oportuna y leal. Curioso, pero verídico, las secretarias empezaban temiéndole y al poco tiempo eran fieles colaboradoras, sino que lo diga Guillermina: educada, de alta fidelidad, trabajadora, discreta y con excelente intuición de la medida de las cosas y las atenciones, ella sabía cuánto dar y cuánto negar, así que su desempeño adquiría nievles ejecutivos en las tareas del Subdirector Guillermo en la ENSE llegando a esmerarse en su desempeño en jornadas mucho más allá del horario reglamentario; o Myrna en la Secundaria “1º de septiembre” cuyo sentido del humor hacía que el trabajo y la vida fuesen placenteros, su gracia habitual llenaba de entusiasmo y optimismo el ambiente escolar; y Silvia Arámbula en la secundaria “Niños Héroes” era prototipo de la fidelidad profesional y la entrega al trabajo, disciplinada y eficiente; y ni qué decir de la Contralora Paty poseedora d un profesionalismo y lealtad inusuales, gran honestidad y sobre un acendrado sentido de la amistad, en fin, que el señor sabe ganar amistades verdaderamente duraderas.
Sobre la personalidad, el desempeño, virtudes y defectos de Guillermo se cuentan anécdotas y chistes, verdades y ficciones... de eso está hecha la vida de los humanos y “Memo” es un ser humano con fortalezas y debilidades, con energía y bondad, con amigos y detractores, con carne, hueso, alma, sueños y esperanzas.
Yo conozco varias facetas de su vida, todas de una gran riqueza, pero en especial su acendrado espíritu religioso, su fe y su práctica cristiana.
Cuando sus hijos, esposa, nuera, yerno y nietos lean estos apuntes, sabrán que este hombre (esposopadresuegroabuelo) los trascenderá y de ellos sentirán orgullo legítimo y una honda emoción.
Cedido por Laura Irma Iruegas
Nota de Vidales. Allá por el año de 1955 llegué a Monterrey, procedente de Villaldama, para estudiar en la Normal. Los domingos nos reuníamos en los patios del PRI con Arturo Ábrego y Jesús Iruegas para jugar una “cascarita” de básquetbol. Eran evidentes mis penurias económicas, con escasos 16 años a cuestas y una miseria del tamaño del hambre que hacía gruñir las tripas a cada instante. Nunca olvidaré esos partidos de básquetbol, nunca pagaré los tenis que me regaló Arturo ni los pantalones que me dio “Chito” Iruegas. Nunca me ganaron en básquet, pero me ganaron en el corazón, donde los llevo con especial afecto.
Fiel a sus libros y a todo lo que capture el pasado, especialmente de su natal Lampazos, historia que se narra en el presente e historias que se recuerdan como parte del pasado personal. Fechas, lugares y nombres que han plasmado su pluma. Acciones y personas que han guardado su memoria, tal es el quehacer cotidiano de Jesús Iruegas Zavala.
La meseta de Cartujos y el Ojo de Agua de Lampazos de Naranjo, N. L., vieron partir a Jesús Iruegas Zavala en 1947 para estudiar en Monterrey habiendo terminado la preparación escolar que el pueblo le podía ofrecer. Los primeros seis años los realizó en la escuela primaria “General Felipe Naranjo Garza”, una de las tres escuelas primarias que había y que era exclusiva para niños, misma que en 1969 siendo funcionario de la Secretaría de Educación tuvo el gusto de reinaugurar el edificio al que se asignó el nombre del “General Pablo González Garza” evento que le brindó la oportunidad de exaltar a la mujer lampacense en presencia de su madre y reconocer la positiva influencia de sus dos maestras de sexto año, la Profra. Eduviges Villarreal y la Profra. Adelina García todavía maestras frente a grupo a las que se les exhortaría a titularse para jubilarse en mejores condiciones económicas, que las derivadas de su nivel empírico.
La escuela “Josefa Ortiz de Domínguez” era para las niñas, situación que cambió cuando el sistema educativo se hizo mixto en 1943, razón por la cual en sexto año tuvo dos maestras. La secundaria donde estudió lleva el nombre del primer maestro lampacense titulado el “Profr Francisco Rodríguez Pérez”.
Fue en 1947 cuando por primera vez el Gobierno del Estado ofrecía $60.00 pesos a los varones que se inscribieran a la Normal “Miguel F. Martínez” de Monterrey; compensación que equivaldría aproximadamente a una quincena del salario de un maestro titulado en esa época, y que incrementaría el alumnado masculino en un 70% y que en el año siguiente también se haría extensiva a las mujeres.
La razón para venir a la Normal de Monterrey y no a la de Sabinas Hidalgo no fue que geográficamente era más cercana, sino razones económicas: en Sabinas no había donde quedarse y en Monterrey una generosa tía materna los recibiría a él y a su madre Doña Marciana Zavala Zarzoza quien había puesto sus pertenencias en una bolsa para acompañar al menor de los hijos y reunirse con Leonel su hermano mayor que ya estaba trabajando acá.
De Lampazos también se vendrían para la Normal “Miguel F. Martínez” en esas mismas fechas compañeros de la primaria y secundaria como Raúl Pedraza y Enrique Quiroga Ruiz, quienes coincidieron con Rogelio Villarreal Garza, Enrique Villalvaso y Roger Pompa en esa generación 19471950.
La Normal “Ing. Miguel F. Martínez” ubicada en las calles de Juárez y Tapia estaba dirigida por el Profr. Oziel Hinojosa García a quien sustituiría 1969, 22 años más tarde en su clase de Organización Escolar. Maestros como el benemérito Profr. Juan Guzmán que impartía la clase de dibujo técnico, Observación Escolar con la Profra. Rebeca Cantú Ayala, Ciencias Naturales con el Profr. Rodolfo F. Canales, Matemáticas con el Profr. Juan F. Escamilla quien además era el Secretario de la escuela, e Historia de México con el Profr. Bernardino Oliveros de la Torre, Higiene con el Doctor David Quintanilla y la Doctora Catalina Olivo que impartía la clase de Puericultura más que todo a las mujeres porque los varones salían del salón y se iban a la biblioteca, porque a los 17años había temas que no se trataban con hombres y mujeres juntos.
Iruegas cursó en la Normal un Plan de Estudios de tres años en el que en segundo y en tercero tuvo como estudiante normalista la responsabilidad del grupo de tercer año en la escuela primaria “Monterrey” ubicada en barrio El Nacional siendo su primer Director el benemérito Prof. Juan Guzmán Cadena y con un salario de $145.00 pesos mensuales, se agrupó sindicalmente en la Delegación #15 de la Sección 43 del SNTE.
En Julio de 1950 el Jurado integrado por el Profr. Rodolfo F. Canales como presidente, Profr. y Lic., Caleb Sierra Ramos como secretario y como vocal el Profr. Atenedoro Colunga validan su titulación como maestro normalista, con una tesis sobre “La influencia de la Educación Física en la Enseñanza” y una clase práctica sobre ”Los Asirios y su medio geográfico” para alumnos de sexto año.
En septiembre de 1950 ingresa la Preparatoria Nocturna # 2 de la Universidad de Nuevo León con intención de seguir estudiando e ingresar a la Facultad de Leyes más tarde. Una diferencia de opinión acerca del turno que le sugería el director para poder recibir más personal docente ocasiona que le Prof. Juan Botello Ríos lo mande a la Secretaría a entrevistarse con el Prof. Timoteo L. Hernández, Secretario de la Dirección de Educación que ocupaba el Prof., Fidel C Míreles quien le propone cambiarlo a la secundaria en la escuela “Emilio Rodríguez” de Cadereyta Jiménez; esto ya en octubre de 1950, esa día, en la resolución del asunto conoce a la Srita. Alicia Torres quien fue un ángel guardián en su trabajo y labor sindical así como en asuntos familiares, “Licha” Torres como la conoce el magisterio de Nuevo León estaría acompañándolo en el nacimiento de sus cinco hijos y de algunos de los nietos.
En la secundaria impartiría Física, Química, Educación Física, Civismo y Carpintería, atendía la Banda de Guerra con 24 horas en el turno vespertino, recuerda que al bajarse del camión conoce a las maestras Enriqueta García y Raquel Muñoz quienes le preguntaban que si era el maestro nuevo que les mandaban. Esta situación complicaba en ocasiones los horarios para entrar a la preparatoria nocturna sobre todo cuando se topaban con personas que bloqueaban a los maestros normalistas para que siguieran estudiando en la U.N.L o presionaban a las mujeres casadas para que dejaran el magisterio, había ocasiones en que tenía que regresar a Cadereyta a jugar básquetball en el “Club 13 de Enero”.
En 1952 termina la preparatoria a la que regresa en 1956 como maestro, un año antes había impartido unos cursos en la Escuela de Verano de la U.N.L. con un seminario sobre Sor Juana Inés de la Cruz, y como habían sido sus planes, ingresa a la Facultad de Leyes de la Universidad de Nuevo León. En esas correrías del camión a la preparatoria conocería en 1951 a quien más tarde sería su esposa Laura Hyrma Rodríguez Treviño originaria de Villaldama y estudiante del English Intitute.
El Profr. Facundo Villarreal inspector de primarias de Cadereyta y Abelardo González inspector de la escuela “José Alvarado” del Cuarto Distrito, le promueven su cambio a Monterrey siendo la directora la Profra Consuelo Martínez Elizondo del turno vespertino. Eran épocas de trabajo y carreras, la juventud y las amistades lo permitían, unas horas en las mañanas impartiendo Redacción en el Instituto de Ciencias Mercantiles del C.P. Teodoro Hernández, trabajando en las tardes en la primaria y estudiando en la noche, juntando los apuros y habilidades de compañeros como Rogelio Villarreal Garza que leía rápido, Jesús que sintetizaba los temas y Arturo Ábrego que cantaba... y el billar que les permitía un rato de competencia con otros compañeros... así se llegaron los tiempos de grandes decisiones como la del 19 de marzo de 1956 fecha en que celebró su matrimonio.
Ya por 1957 su vida transcurría desde las siete de la mañana, hora en la que entraba a la Facultad de Leyes y que sería el último año y algunas mañanas en la secundaria # 3 “Profr. Plinio D. Ordóñez”, entraba a la 1 P.M a la escuela “José Alvarado” , y en la noche a la escuela de Leyes de donde salía a las 10 de la noche para luego ir a las oficinas de Catastro del Gobierno del Estado a revisar expedientes por unas horas; el último examen de Derecho Mercantil fue el 14 de Junio de 1957 cuando en la mañana había nacido la primera de sus hijas y había asistido a un discurso con el Profr. Elíseo B. Sánchez perdiendo el libro del examen que presentaba en la noche, por esas fechas ya era subdirector de la escuela primaria “Alberto Sánchez” en la colonia Nuevo Repueblo bajo la autoridad de la directora Profra. Leonor Reyes.
El problema de las maestras casadas en la administración del Profr. Buenaventura
Tijerina le dio la oportunidad de iniciar su participación sindical ganando la Secretaría de la Delegación #4 cuando el Profr. Facundo Villarreal Muraira era Secretario General del Sindicato y el Profr. Benito Garza Cantú Secretario de Conflictos, recuerda con nostalgia la primera maestra suspendida de su Delegación de la escuela “Abelardo L. Rodríguez” de nombre Guadalupe y esposo del mismo nombre apodado “el húngaro” ese hecho los unió para trabajar en la Sección 43 hoy 50 como Secretario de Conflictos adjunto al Profr. Ramón Salinas y más tarde como Secretario de Conflictos del Comité que dirigía Ramón Salinas, más tarde trabajaría para la Comisión de Servicios Médicos y presidiría la Comisión de Seguros de Vida.
Allá por 1961 se desempeñó como Oficial Mayor de R. Ayuntamiento de Monterrey en la primera administración municipal del Lic. Leopoldo González Sáenz. En la siguiente administración 19641966 con el Lic. Abiel Treviño trabajaría como Director de Patrimonio Municipal, de 19741976 sería el Proveedor municipal en la segunda ocasión que el Lic. González Sáenz fue alcalde de Monterrey. Sin dejar de lado el trabajo docente por 22 años llegaría a la Normal “Miguel F. Martínez” antes de las siete de la mañana a impartir Organización Escolar y en la Facultad de Contaduría de la Universidad Autónoma de Nuevo León por 28 años impartió Derecho Mercantil lo que le permitió ser miembro del Consejo de Derecho Mercantil de la Universidad hasta su jubilación en 1992.
Su preocupación a favor de la educación algunas veces frente a grupo y otras como funcionario le permitieron ocupar diferentes puestos dentro de la Secretaria de Educación: de 19671970 fue Director de Escuelas Primarias dependiente de la Dirección General de Educación. De 1982 a 1985 fue Coordinador General de la Secretaría de Educación y Cultura. De 1985 a 1991 sería Director de Recursos Materiales de la Secretaría de Educación y Cultura y de 1989 a 1992 Jefe del Departamento de Construcción y Equipamiento Escolar de la S.E.P. (administración del Dr. Luis E. Todd) pues se iniciaba la fusión de los sistemas estatal y federal. En 1996 se desempeñó como asesor de la Secretaría de Gobierno y en 1996 y1997 regresaría a la Secretaría de Educación como Subsecretario de Relaciones Laborales, en la administración de Alfonso Rangel Guerra.
Sería largo precisar las acciones que en cada época de su vida participó el Profr. Jesús Iruegas: el sindicato de maestros, la Normal,. la UNL, la UANL, la Secretaría de Educación; sin olvidar su activa participación política en el P.R.I. desde 1956 en el que recorrió la mayoría de los municipios del Estado como Delegado del Partido, desde coordinador de campañas hasta miembro del consejo político en el estado.
La vida también le brindó la hermosa oportunidad de pertenecer a diferentes grupos sociales en donde haría amigos que nos comenta que son lo mejor de la vida y que sin nombrarlos los lleva presentes y en el corazón a los que ya no están, a los 25 miembros de su familia les hace gracia que en cualquier lugar se encuentra algún conocido y que en lugares apartados sale gente que lo conoce o le recuerda por algo. Una gran satisfacción fue que siendo presidente del Club de Leones de San Nicolás de los Garza se inauguro la primera escuela Club de Leones “Miguel Valdés Gallardo” y que también se halla conseguido el terreno para empezar la construcción donde se localiza actualmente el Club.
Otra acción de buenos recuerdo es la formación de la Asociación de Inspectores del Estado que agrupa a los maestros inspectores por los que siente un especial aprecio. No podríamos nombrar al maestro Iruegas sin asociar su nombre a la historia y la cultura su pasión más grande después de su familia nos aclara.
Es cronista de su natal Lampazos, pueblo que andaría de la mano de su padre Don José María Iruegas Cárdenas y que ahora el ha mostrado a sus hijos y nietos no sólo en las letras de los muchos artículos escritos o los programas de televisión y radio en los que ha participado, sino andando el camino y las calles, evocando en las puertas y construcciones, los recuerdos que encierran y que reviven al ir escuchando la narración del abuelo y del padre que ha llevado a su familia a sentir la fresca agua del Arroyo Blanco y a descansar en las sombras del los enormes sabinos del Ojo de Agua, cuyas imágenes han quedado guardadas entre los mejores recuerdos que unen a la familia IruegasRodríguez, que lo han visto trabajar y unir esfuerzos para la reconstrucción de los monumentos históricos de su pueblo a través de un patronato que Preside Don Francisco Zertuche González y que les permitiría celebrar el 12 de noviembre de 1998 los 300 años de fundación del municipio, con la construcción de un monumento en honor a los fundadores, con mucho honor se celebró una sesión solemne del Congreso, siendo recinto la recién restaurada casa de la Cultura, en donde pronunciara un memorable discurso sin apuntes previos y en presencia de la gente del pueblo lampacense, así como de familiares del los héroes nacidos ahí, donde extasiados escuchamos las palabras que exhortaban a seguir siendo parte de la historia de México, salvas de cañón del ejercito acompañaron ese recordado día, además el resto del año se celebrarían actividades culturales aquí en Monterrey y allá en Lampazos en las que participarían cronistas como el Profr. Celso Garza Guajardo (+), Israel Cavazos Garza, Alfonso Rangel Guerra, Leticia Martínez Cárdenas, Jesús Ávila y Cesar Morado, entre otros.
El pueblo de Lampazos, por conducto de sus autoridades civiles, ha otorgado al maestro Iruegas el reconocimiento como hijo predilecto el 12 de noviembre de 1994. Por su trabajo en la investigación histórica se le otorgó la medalla “José P. Saldaña” que le llenó de gusto como cuando recibió del Gobierno del Estado las medallas Ignacio Ramírez” y la medalla “Ignacio M. Altamirano” por su trabajo dentro del magisterio.
Su jubilación le ha permitido la satisfacción de haber reunido a los miembros de su Generación 19471950 de la Normal “Miguel F. Martínez” para celebrar los cincuenta años de haber egresado de sus aulas con el título de maestro y visitar a los compañeros que estaban delicados de salud y localizar a los que estaban lejos. Los miembros de esta Generación visitaron la Normal dejando de recuerdo una placa en agradecimiento a todas las personas que hicieron de ellos ciudadanos de bien.
Ensayo autobiográfico escrito en tercera persona
Nota de Vidales. Ante la insistencia de mi parte, el maestro Pablo Hernández, íntegro y liberal, comprometido con las mejores causas educativas y sociales, maestro por convicción y fiel custodio de los valores más altos de nuestro nacionalismo, accedió a escribir este ensayo que guardamos con especial afecto, para la lectura de las nuevas generaciones.
SU NIÑEZ. LA EDUCACIÓN PRIMARIA
Pablo Hernández Guzmán nació en Villa Unión, Coah., antes Gral. Naranjo, Coah. y Rosales, Coah., el 25 de noviembre de 1928. Sus progenitores fueron el Sr. Juan Hernández Franco, nativo de Progreso, Coah., y la Sra. Julia Guzmán Hernández, originaria del Municipio de Guerrero, Coah., ambos finados. Pablo fue el primogénito y tuvo cinco hermanos: Evangelina, Humberto, Oscar, Armando y Julio. Todos sus hermanos varones pagaron ya su tributo a la Tierra, solamente sobreviven su hermana y él.
En la Escuela Elemental Primaria “Benito Juárez” de su solar nativo, el pueblo de Gral. Naranjo, Coah., inició la educación primaria, cursando el Primero y Segundo Grados, entre 193536 y 193637, bajo la conducción de las estimadas maestras Panchita Cuéllar y Elisa Rodríguez, respectivamente. El 3°., 4°., 5°. y 6°. Grados los cursó en el Instituto Laurens, de la Ciudad de Monterrey, N.L., gracias al bondadoso apoyo que su tía, la Profra. Simona F. Hernández le brindó. Ella era la maestra de 6°. Grado en ese colegio y obtuvo del director del mismo, el Lic. José de la Luz Marroquín R., una media beca, que Pablo Hernández Guzmán conservó hasta la conclusión de su educación primaria, gracias a su buen aprovechamiento, su puntualidad y asistencia sin tacha y su buena conducta.
Su maestro de Tercer Grado, lo fue el destacado y querido Maestro Alfonso Reyes Aurrecoechea, quien ocupa un privilegiado lugar en la memoria viva de Pablo Hernández Guzmán, tanto por el don de gentes que le caracterizó, como por la enseñanza práctica de nacionalismo patriótico que vivió bajo su bienhechora influencia, durante el trascendental episodio histórico de la Expropiación de la Industria Petrolera en 1938. También ocupan un destacado lugar en el recuerdo y la gratitud de Pablo, las queridas Maestras Juanita Flores, Prudenciana Marroquín y Simona F. Hernández, sus maestras de 4°., 5°. y 6°. Grados, respectivamente.
SU ADOLESCENCIA. LA EDUCACIÓN SECUNDARIA
Al concluir la educación primaria en 1941, Pablo se inscribió en la Escuela Secundaria No. 1 “Profr. Moisés Sáenz” de la Ciudad de Monterrey, N.L., hoy llamada “Profr. Andrés Osuna”. Su director en ese momento lo era el Profr. Martín Arámbula, quien no concluyó el ciclo escolar y fue substituido por el Maestro Humberto Ramos Lozano. Eran los tiempos de la Segunda Guerra Mundial y el espíritu democrático anti nazi invadía todas las esferas de la vida nacional, incluidas las actividades escolares. “El hundimiento del Potrero del Llano y el Faja de Oro por parte de la armada alemana obligó a México a declararle la guerra al Eje BerlínRomaTokio. Llegó la militarización a la escuela y los ejercicios militares nos llevaron, lo mismo a la Alameda “Gral. Mariano Escobedo” después de equiparnos con las fornituras y dotarnos de los máuseres reglamentarios en el arsenal de la Penitenciaría del Estado, que al propio Campo Militar, bajo las órdenes del Teniente Cabañas, quien años después sería designado Jefe del Estado Mayor Presidencial durante el gobierno del Presidente Adolfo López Mateos”, dice Pablo.
Pero lo más importante para Pablo Hernández Guzmán, el adolescente, a su paso por la Escuela Secundaria No. 1 de Monterrey, N.L., fue el ostensible cambio operado en la administración y el servicio docente del plantel. El impulso a las actividades cívicas, la instalación y operación de los laboratorios de física y química por los propios alumnos y maestros de las asignaturas, las actividades literarias y artísticas, el enriquecimiento de los acervos bibliográficos y la omnipresencia omnisciente del director, el Maestro Humberto Ramos Lozano, eran tales y tan impactantes, que pronto se generó un cambio en la conducta y los hábitos de muchos docentes, desde luego, para bien del alumnado. Allí donde faltaba un maestro, sin importar de qué materia se tratara, se hacía presente el director, quien de inmediato se hacía cargo de la clase, tomaba la lección, revisaba la tarea, explicaba el contenido de la clase dada y señalaba la nueva tarea para la siguiente lección. La enseñanza no se interrumpía, el alumno no perdía el tiempo y no se generaban desórdenes por falta de maestro.
El Maestro Ramos Lozano pudo así integrar un gran equipo de trabajo que redundó en el incremento del prestigio de la escuela. Recuerda Pablo Hernández Guzmán que uno de los profesores no vio con buenos ojos la llegada y el estilo de trabajar del Maestro Ramos Lozano, y solapadamente promovió un movimiento de inconformidad entre los alumnos de más edad, repetidores, reprobados y “fósiles”, que la política de lenidad y el exceso de tolerancia de maestros y directivos anteriores habían permitido proliferar, los cuales organizaron un “paro de labores”, tomando la calle y apostándose frente a la puerta de la escuela, donde causaban gran alboroto. El Maestro Ramos Lozano salió a la calle, enfrentó a los alborotadores, les habló de su proyecto de trabajo y los invito a incorporarse a sus actividades. Todos volvieron a clases y la mayor parte de ellos concluyeron con éxito sus estudios. Después cursaron la preparatoria e hicieron una carrera profesional. Se convirtieron en ciudadanos útiles.
SU JUVENTUD. LA EDUCACIÓN NORMAL
Al terminar la educación secundaria, Pablo Hernández Guzmán, el adolescente, enfrentó el primer problema real con relación a su futuro de adulto. Que su vida estaba enfilada hacia el estudio de alguna carrera, era un hecho. Pero, ¿a qué escuela o institución debería ingresar? Hasta entonces solamente la influencia de su abuelo materno, D. Pedro Guzmán, quien era veterano de la Revolución, contaba en él. Pablo, el adolescente, soñaba en la carrera militar y ya contaba con el ofrecimiento del Gral. Pablo Macías, amigo personal de su padre, de otorgarle el aval necesario para ingresar al Colegio Militar. Por otra parte, Pablo deseaba ser abogado para defender a sus hermanos de clase, los campesinos y ejidatarios de México (lo eran su padre, sus tíos y hermanos), de los despojos de sus tierras y de la explotación de que los hacían objeto los comerciantes que acaparaban sus cosechas pagándoselas como querían, o los medianos o grandes propietarios particulares que invadían sus parcelas y ejidos; pero su tía Simona F. Hernández, la que lo trajo a Monterrey, N.L., y le dio la educación primaria y secundaria, aunque nunca le negó su apoyo para que ingresara a la escuela preparatoria, le advirtió que no le garantizaba poderlo sostener hasta la culminación de una carrera universitaria. Tampoco lo forzó a ingresar a la Escuela Normal para Profesores, privándolo de su otro sueño, seguir la carrera militar.
Así que, el adolescente Pablo Hernández Guzmán, fue a Villa Unión, Coah., a la casa de sus padres a plantearles su decisión de ingresar al Colegio Militar. Llevaba consigo el formato del escrito oficial con el que sus padres autorizarían su inscripción en el Colegio Militar, documento indispensable para ese fin, puesto que el aspirante era menor de edad, como lo eran todos los egresados de la escuela secundaria. Su padre, el Sr. Juan Hernández Franco, estuvo de acuerdo con la decisión de Pablo y firmó la Carta de Consentimiento, pero su madre, la Sra. Julia Guzmán, se deshizo en lágrimas y lamentos, y Pablo, el “cadete en cierne”, sufrió una decisiva derrota sentimental ante el dolor de su madre. No seguiría la carrera militar. Ante esta situación, volvió a Monterrey, N.L., sin saber cuál sería su futuro, perdido en el laberinto de sus dudas de adolescente.
Ya no iría al Colegio Militar. Tampoco podía ingresar a la Escuela Preparatoria para seguir la carrera de leyes. Estaba desconcertado. Su mundo de ilusiones se había esfumado. Estaba en medio de la nada.
De regreso en Monterrey, N.L., Pablo se encontró casualmente con su amigo y condiscípulo Mario Lozano, hijo del Profr. D. Jesús Lozano, su maestro de matemáticas en la secundaria. Mario ya tenía decidido el paso que daría: se inscribiría en la Escuela Industrial “Álvaro Obregón” para estudiar una carrera técnica a corto plazo. Y, Pablo decidió hacer lo mismo, así que acordaron matricularse en esa escuela. El día siguiente, a primera hora, se encontrarían en la esquina de la Escuela Secundaria No. 1, casualmente también, la esquina de la Escuela Normal “Ing. Miguel F. Martínez”, y de allí irían a la Escuela Industrial “Álvaro Obregón”.
Pablo acudió a su cita con Mario, que lo esperaba acompañado de José Manuel Valenzuela Lara, otro condiscípulo de ambos. Valenzuela Lara los acompañaría a la Escuela Industrial “Álvaro Obregón”, pero antes haría lo suyo, se inscribiría en la Escuela Normal para Maestros “Ing. Miguel F. Martínez”, cuyo edificio se localizaba justamente enfrente del de la Escuela Secundaria No. 1. Así las cosas, Mario y Pablo acompañaron a Valenzuela Lara hasta la mesa de inscripciones y esperaron junto a él, con sus documentos en mano. La Maestra Rebeca Cantú Ayala Rebequita, la llamábamos todos, inscribió a J. Manuel Valenzuela Lara y prestamente tomó los documentos escolares que Pablo Hernández Guzmán tenía en su mano, preguntándole su nombre y dirección, confrontando los datos con los que aparecían en la documentación, a la vez que los escribía en el libro de matrícula, diciéndoles: “Están inscritos. Preséntense el lunes a las 8 hrs.”. Pablo no había tenido tiempo de percatarse de lo que acababa de ocurrir; así de sorprendido estaba, y no dijo nada. Estaba inscrito en la Escuela Normal para Maestros “Ing. Miguel F. Martínez” de Monterrey, N.L. Sería maestro de Educación Primaria sin haberlo solicitado. Sería profesor de escuela sin habérselo propuesto, por accidente.
El Director de la Escuela Normal lo era el Profr. Oziel Hinojosa García, y Secretario, el Profr. Juan F. Escamilla; ambos, destacados y respetables maestros, señalados en la función pública y en las tareas docentes. Con ellos laboraba un brillante y numeroso equipo de profesores, entre otros, el Profr. Rodolfo Canales, el Profr. Juan Guzmán, la Profra. Julia Garza Almaguer, la Profra. Rebeca Cantú Ayala, el Profr. y Lic. Mario N. Flores, el Profr. y Lic. Bernardino Oliveros de la Torre, el Profr. Atenedoro Colunga, el Profr. y Lic. Clicerio Hernández Escalante, el Profr. y Lic. Caleb Sierra Ramos, y muchos otros que tenían a su cargo la tarea de formar a los futuros maestros de educación primaria del Estado de Nuevo León.
A todos sus maestros los recuerda Pablo Hernández Guzmán con el mayor de los afectos y con sincero respeto; máxime que con todos los varones comparte y compartió la ideología liberal, que seguramente ellos sembraron en su mente, cuando de niño o de joven recibió de ellos sus enseñanzas y su ejemplo. El paso del joven Pablo Hernández Guzmán por la Escuela Normal lo convirtió en el hombre útil, que finalmente se identificó con su papel en la vida, obteniendo el Título de Maestro de Educación Primaria el día 26 de mayo de 1947.
SU DESEMPEÑO COMO PROFESOR DE ESCUELA
Para esta fecha, Pablo tenía ya en su haber dos años de servicios docentes, los que en aquellos tiempos se llamaban “años de práctica”, con los que se complementaba la preparación teórica, a la vez que los estudiantes de la carrera magisterial, recibían una prestación económica que les permitía solventar sus estudios.
Así que, a partir del ciclo escolar de 19451946, inició Pablo Hernández Guzmán, propiamente sus servicios profesionales, desempeñándose como profesor de educación primaria, secundaria, preparatoria y normal, a lo largo de cincuenta y tres años ininterrumpidos, dentro del Sistema Educativo del Estado de Nuevo León, en el ámbito estatal, federal y particular, hasta el ciclo escolar de 19971998 en que se retiró definitivamente, acogiéndose al derecho de jubilación voluntaria.
La siguiente enumeración de los cargos desempeñados por el Profr. Pablo Hernández Guzmán en el ámbito de la docencia, da cuenta de su trabajo a lo largo de los 53 años mencionados:
De 1945 a 1946. Maestro de la Escuela Primaria Monumental “Nuevo León” de la Ciudad de Monterrey, N.L.
De 1946 a 1947. Maestro de la Escuela Primaria “Abelardo L. Rodríguez” de la Ciudad de Monterrey, N.L.
De 1947 a 1948. Maestro de Cuarto Grado del Colegio “México” de la Ciudad de Monterrey, N.L.
De 1948 a 1949. Maestro de Quinto Grado del Instituto “Guadalupe Victoria” de la Ciudad de Monterrey, N.L.
De 1949 a 1950. Maestro de la Escuela Primaria “Héroe de Nacozari” de la Ciudad de Monterrey, N.L.
De 1950 a 1957. Maestro de Planta de la Escuela Secundaria No. 1 de la Ciudad de Linares, N.L.
De 1957 a 1961. Director de la Escuela Secundaria “Miguel Hidalgo” de la Ciudad de Galeana, N.L.
De 1959 a 1960. Maestro Interino de la Escuela Normal Rural de la Ciudad de Galeana, N.L.
De 1961 a 1966. Maestro de Planta de la Escuela Secundaria No. 4 “Miguel Alemán” de la Ciudad de Monterrey, N.L.
De 1961 a 1968. Subdirector de la Escuela Normal Federal por Cooperación de la Ciudad de Monterrey, N.L.
De 1963 a 1965. Maestro del Depto. de Secundaria del Colegio “Justo Sierra” de la Ciudad de Monterrey, N.L.
De 1964 a 1970. Maestro del Instituto Federal de Capacitación del Magisterio. (Cursos Intensivos).
De 1964 a 1998. Maestro por Horas de la Escuela Secundaria Federal Nocturna “Gral. Lázaro Cárdenas” de la Ciudad de Monterrey, N.L.
De 1966 a 1968. Secretario Subdirector de la Escuela Secundaria No. 8 “Niños Héroes” de la Ciudad de Monterrey, N.L.
De 1966 a 1968. Maestro por Horas de la Secundaria No. 3 “Profr. Plinio D. Ordóñez” de la Ciudad de Monterrey, N.L.
De 1968 a 1973. Secretario Subdirector de la Escuela Secundaria No. 3 “Profr. Plinio D. Ordóñez” de la Ciudad de Monterrey, N.L.
De 1968 a 1973. Maestro por Horas de la Escuela Secundaria No. 8 “Niños Héroes” de la Ciudad de Monterrey, N.L.
De 1973 a 1985. Director de la Escuela Secundaria No. 3 “Profr. Plinio D. Ordóñez” de la Ciudad de Monterrey, N.L.
De 1974 a 1977. Maestro de la Escuela Preparatoria “Presidente Juárez” de la Ciudad de Monterrey, N.L.
A lo largo de esos 53 años de servicio docente, el Profr. Pablo Hernández Guzmán, ha recibido con modesta satisfacción y justificado orgullo algunos reconocimientos, por ejemplo: El que entrega el Gobierno del Estado de Nuevo León a los trabajadores de la educación por veinte años de servicios, el Diploma y la Medalla “Rafael Ramírez”, que otorga el Gobierno de la República a sus maestros con 30 años de servicios profesionales, el Diploma y la Medalla “Ignacio Manuel Altamirano”, que el Gobierno de la República otorga a los maestros con 40 años de servicios, así como el Diploma con el que se acredita haber cumplido 50 años en el ejercicio docente; amén de varios valiosísimos reconocimientos por parte de la Sociedad Masónica y las Escuelas donde ha laborado. Algunos de los que más estima, entre éstos últimos, son los que recibió de la Dirección y el Personal de la Escuela Secundaria Federal Nocturna “Gral. Lázaro Cárdenas”, donde dio por concluida su labor docente en 1998, al retirarse en forma definitiva de las aulas de enseñanza.
OPINIÓN PERSONAL SOBRE SU DESEMPEÑO PROFESIONAL
Para Pablo Hernández Guzmán, el profesor de escuela, no existe duda alguna de que en el ejercicio de cualquier profesión, la vocación juega un papel determinante, cuando de alcanzar el éxito se trata. Y, no batallan muchos para justificar su éxito personal dicen, por ejemplo, soy maestro de vocación. Desgraciadamente no siempre es posible, en el caso de profesores, ingenieros o médicos, etc., fincar el ejercicio de una carrera profesional sobre la base cierta de una vocación confirmada. De lo que resulta que la vocación debe substituirse por una cualidad o valor moral cultivados mediante la concienciación temprana del sentido del deber, al que hay que dar una profunda denotación social para convertirlo en responsabilidad.
La responsabilidad viene así a suplir la falta de vocación cuando no la hay; o a reforzarla, cuando, para fortuna del profesionista, sí la hubiere.
“En mi caso personal dice Pablo Hernández Guzmán, no puedo ostentarme como un maestro de vocación. Sin embargo, por lo que a lo largo de 53 años coseché en forma de afecto, respeto y reconocimiento inmerecidos acaso, de parte de muchos de mis alumnos y de sus padres y tutores, creo honestamente, sin vanidad ni vanaglorias, que mi trabajo como profesor de escuela fue positivo, porque actué responsablemente. Mis errores, puesto que soy imperfecto, ya fueron sometidos al tribunal de mi propia conciencia”.
De su trabajo inicial en Monterrey, N.L., en Linares, N.L. y en Galeana, N.L., o del que realizó al regresar a la Ciudad de Monterrey, N.L., hasta 1998, se siente satisfecho, porque en todas partes se entregó sin reticencias a su tarea y además de la labor propiamente educativa, pudo realizar alguna modesta obra material en beneficio de la propia escuela y de la comunidad.
Sin embargo, reconoce que los mejores años de su carrera como profesor, son los de su desempeño como tal, en Linares, N.L., y Galeana, N.L., por dos razones: 1ª. , en ambos lugares logró integrarse plenamente a la comunidad, llevando la presencia de la escuela hasta el hogar, generando la comunicación necesaria entre ambas instituciones y facilitando la resolución de problemas de aprendizaje, de conducta, de adaptabilidad, de asistencia y puntualidad, etc., que son comunes a las tareas docentes; y, 2ª., en el segundo de los municipios citados, donde fue director fundador de la Escuela Secundaria “Miguel Hidalgo”, en 1957, pudo, además, contando con el apoyo moral y material de la autoridad municipal representada por D. José Martínez, alcalde de la Ciudad, de la Escuela Normal Rural, cuyo director, el Profr. Francisco González y muchos de sus maestros y trabajadores, como el Maestro Adolfo Flores Dávila y D. Librado Iturbe, entre otros, le brindaron toda clase de colaboración, así como destacados miembros de la comunidad, como es el caso del Dr. Lauro Flores Rodríguez, rescatar la propiedad urbana que en su momento donara al pueblo de Galeana, N.L., su hijo preclaro, el Gral. Mariano Escobedo, para que se convirtiera en escuela. Tras una positiva lucha cívica en la que participó todo el pueblo, las autoridades del Estado de Nuevo León y la organización campesina que ocupaba el edificio, pusieron a disposición de la autoridad escolar el inmueble en cuestión y la Dirección de Obras Públicas procedió a la construcción del Centro Escolar “Gral. Mariano Escobedo”, el cual albergaría en la primera planta a la Escuela Primaria “Nuevo León” y en la segunda a la Escuela Secundaria “Miguel Hidalgo”.
El edificio escolar fue dotado de las instalaciones eléctricas y sanitarias necesarias para un aprovechamiento pleno, pero en aquellos años en Galeana, N.L., la energía eléctrica propiamente dicha no existía y el agua era muy escasa y tampoco existía una red de distribución del vital líquido, lo que da por descontado que existiera una red de drenaje sanitario. Pero un año después de inaugurarse la escuela, en 1959, con la ayuda sin limitaciones de los padres de familia y el apoyo oficial del Jefe de los Servicios Coordinados de Salubridad y Asistencia en aquella zona, el Dr. Lauro Flores Rodríguez, el edificio contaba con tanques de almacenamiento de agua, aparatos sanitarios completos, bebederos y una línea de drenaje sanitario tendido a lo largo de la calle frontal, con descarga en una fosa séptica adecuada al servicio, construida a más de 600 metros del plantel, fuera de la población. En la memoria del Profr. Pablo Hernández Guzmán, en torno a esta experiencia, están presentes todos aquellos que le acompañaron en la realización de esta modesta pero significativa obra, pero a los nombres ya consignados, quiere agregar el de una modesta mujer del pueblo que con su colaboración y trabajo personal en favor de la Escuela Secundaria de Galeana, N.L., puede ser representativa en ese rango del servicio a la comunidad, de todos los hombres y mujeres de esta ciudad, Da. María Morales.
SU VIDA FAMILIAR. OTRAS ACTIVIDADES
Su esposa lo es la Sra. Belem Hernández Basave, originaria de Ichcateopan, Estado de Guerrero, con quien contrajo nupcias el día 16 de agosto de 1959. De su matrimonio nacieron cuatro hijos: los dos mayores, Juan y Humberto, nacieron en Galeana, N.L., y los dos menores: Carlos y Carmen Elena, nacieron en Monterrey, N.L. A los cuatro les dio una carrera profesional y de todos ellos se encuentra orgulloso porque son profesionistas responsables y personas de provecho. En su esposa, compañera de su vida, encontró apoyo solidario y, por eso, nunca escatima su reconocimiento para ella.
Fuera de la docencia y de su familia, Pablo Hernández Guzmán, criado por sus padres y sus abuelos en una atmósfera de respeto a los próceres que nos dieron patria, así como de un acendrado nacionalismo, inculcado por sus maestros, en la Escuela Mexicana postrevolucionaria, nacionalista, popular y democrática, encontró en las instituciones sociales de corte liberal y revolucionario, el medio natural donde hacer realidad sus deseos de trabajar a favor de la Verdad, la Justicia, la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad. Por eso ingresó a la Sociedad Masónica en 1964, como miembro de la Respetable Logia Simbólica “José Martí”, invitado por un destacado miembro de la Masonería del Estado. En esta escuela de moral se encontró con la impactante sorpresa de que todos sus maestros, así de la escuela primaria, como de la escuela secundaria y la Normal, eran miembros de esa Orden de Caballeros del Ideal Fraternal. Allí, en la Masonería, Pablo Hernández Guzmán, el adulto, ha escalado, uno a uno, todos los Grados de la carrera masónica y ha desempeñado casi todos los cargos administrativos de la Sociedad. De ello se siente muy satisfecho y asegura que de repetirse las circunstancias que lo llevaron a ingresar a esta Institución, volvería a vivir tan extraordinaria experiencia.
En el terreno sindical, el Profr. Pablo Hernández Guzmán no buscó una carrera, pero cuando sus compañeros lo llamaron para participar en algunas actividades de la organización sindical de los maestros, lo hizo con gusto. Así, fue dirigente delegacional, delegado congresional y comisionado directo en algunos eventos especiales. En su haber se registra la firma del primer Convenio de Nivelación entre maestros foráneos y locales al servicio del Gobierno del Estado de Nuevo León y el establecimiento a nivel delegacional de la Sociedad Mutualista de la Delegación XXIII, Sección 50 del S.N.T.E., cuyo Reglamento se instituyó el día 19 de noviembre de 1966.
La formación humana a través del arte
Cedido por Teresita de Jesús Soto Luna
Nació en Monterrey, N. L., el día 30 de enero de 1931 y rindió tributo a la madre tierra el día 15 de mayo de 1985, en San Francisco, Santiago N.L.
En 1937 su familia se mudó de Monterrey a la ciudad de Guadalajara en donde cursó la carrera de Filosofía y Letras en la UAG.
De 1948 a 1951 realizó estudios de piano con el Maestro Manuel de Jesús Aréchiga, así como estudios de Composición con el Maestro Domingo Lobato, en la Escuela Superior de Música de Guadalajara, debutando como concertista en el año de 1946.
Continuó estudios de órgano con el Maestro Alfonso Vega Núñez en el Conservatorio “Las Rosas” de la ciudad de Morelia, Mich., y cursó la Licenciatura en Canto Gregoriano y Composición bajo la dirección del Maestro Miguel Bernal Jiménez, entre los años 1951 y 1953.
Regresó a Monterrey y estudió Composición con el Maestro Paulino Paredes, así como piano en la Academia “Chopin” de Lisandro y Esperanza Esparza, en los años de 1954 a 1955.
Continuó participando en Cursos de Perfeccionamiento en piano y Composición con el Maestro Gerhart Munich de 1956 a 1960 en la ciudad de Guanajuato. Formó el dúo de piano WongTamez especializado en música contemporánea para dos pianos, que fue supervisado por el Maestro Munich, de 1963 a 1967, año en que fallece la pianista Ninfa Wong. Con este dúo estrenó en México las siguientes obras: “Sonata p/dos pianos” de Igor Stravinski, “En blanco y negro” de Claude Debussy y “Las Visiones del Amén” de Oliver Messiaen.
Tomó varios cursos entre los que destacan: piano, con Gérd Kaemper; dirección orquestal, con Igor Marquevitch; y música de cámara, con Leonid Hambro, Joseph Silverstein y Walter Traempler, tanto en Sarasota, Florida, como en México, D. F. y en Nueva York.
Realizó el primer concierto de música electrónica y concreta en México, en el “Teatro de La Paz” de San Luis Potosí.
Entre los premios más importantes que obtuvo, destacan: Primer Premio de Composición el “Club IOTA” en Los Ángeles, Ca., en 1965 con la obra “Seis Microfonías”; dos Primeros Premios de Perfeccionamiento en Composición Vocal con Gerhart Munich en Guanajuato, con las obras “Tres Canciones Sagradas” y “Canción de Cuna” en 1960 y en 1061, respectivamente. También obtuvo el Premio Nacional de Composición de Bellas Artes en 1965 con su Ballet “Quasi Jazz”; en ese concurso participó también su antiguo maestro Domingo Lobato.
Cursó la carrera normalista en el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio (ICM) de San Luis Potosí.
En 1972 fue invitado por la Universidad Autónoma de Nuevo León para dirigir la Facultad de Música, por lo cual decidió regresar a su natal Monterrey.
Fundó, entre otras escuelas de música, las siguientes: Escuela Superior de Piano y Composición en San Luis Potosí. En Monterrey fundó la Escuela Libre por Las Artes; la Escuela Formativa por las Artes, así como el taller de Música y la Licenciatura en Música de la Universidad Regiomontana.
El Maestro Tamez también desempeñó entre otros cargos, los siguientes: Asesor vitalicio de la Composición de Música Sagrada de San Luis Potosí; Coordinador del Área de Piano y Composición del Instituto “Ignacio Ramírez” de Bellas Artes, en San Miguel de Allende, Gto.; Director de la Facultad de Música de la UANL; Director del Departamento de Música de la Universidad Regiomontana.
El legado musical del Maestro Nicandro Tamez consta de 202 obra para dotaciones desde instrumento solo hasta ensambles de gran tamaño, dentro de esta riqueza productiva tiene especial importancia su obra de piano que ocupa un poco más del 30 por ciento del total.
Cuenta también con un catálogo de 75 poemas en diversos géneros, así como varios escritos pedagógicos, estéticos, técnicosteóricos y filosóficomusicales, entre los que destacan: “Nueva Gratificación Musical”, “Metafonía” y “Metalogia”, frutos de sus constantes investigaciones musicales, estéticas y filosóficas.
El Maestro Nicandro Tamez tuvo la profunda convicción de la belleza expresada en el arte y particularmente en la música, es un medio idóneo para la formación integral del ser humano. Consideraba que la conmoción provocada por la belleza es tal, que nos guía hacia la Verdad y la Bondad, hacia el Amor y por lo tanto, hacia Dios.
Cedido por Paty Barrera
Nota de Vidales. Conocí al maestro Daniel Barrera Garza cuando llegué al cargo de Director de Educación Media, él laboraba turno completo con mi antecesor el profesor Santiago R. Candanosa García a cambio de un sueldo de 10 horas, en iguales circunstancias trabajó conmigo, y al concluir con mi cargo, lo propuse a mis superiores en la Ciudad de México para el cargo de Jefe Administrativo de la UPN 191 Monterrey que tenía bajo mi responsabilidad, mi primera propuesta fue rechazada porque el maestro “no tenía el perfil” de Contador Público que el puesto requería, mi única defensa a su favor fue “pero es honrado” y acto seguido el cargo le fue otorgado, desempeñándolo magníficamente hasta el día en que voluntariamente se retiró para disfrutar del merecido descanso por sus largos y fructíferos años de trabajo. Hoy sigo conservando su valiosa amistad y mantengo mi admiración a su don de gente, honradez y decencia, pero ante todo a su lealtad. Daniel Barrera Garza es un hombre que si hubiera necesidad de describirlo en dos líneas, éstas serían: Pasión por la docencia, la instrucción militar, el deporte, la carpintería, la locución, la pesca y los viajes, pero ante todo, pasión por la amistad y la lealtad.
Agradezco a PIZARRA la oportunidad que me brinda para rendir justo reconocimiento a un maestro que con su trabajo y ejemplo edificó la vida de muchos niños y jóvenes que aprendieron el arte de convivir con el deber, el de llegar a ser y ayudar a que otros puedan ser. Nueve familias lo testimoniamos, hablo de mi padre, el profesor Daniel Barrera Garza, quien, amén de sus dotes de hombría de bien, abnegado padre de familia y ejemplar maestro, tiene una pasión especial por el deporte y la vida a campo abierto. Su vocación magisterial ha quedado demostrada en todos y cada uno de sus espacios profesionales: primaria, secundaria y superior.
Cada una de sus acciones profesionales está tocadas por la bondad, la exigencia razonada, el cumplimiento del deber y la alegría de servir a los demás. De manera especial, deben recordarlo sus alumnos de actividades tecnológicas, sus “pequeños beisbolistas” que conocieron William Sport gracias al trabajo y entrega de mi padre, sus compañeros en la Dirección de Educación Media y en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 191 de Monterrey. Con todos compartió el saber administrar y organizar con integridad y vocación magisterial.
Daniel Barrera Garza nació en Villa de Méndez, Tamaulipas el 27 de a agosto de 1928; sus padres fueron Don Santos Barrera Belmares y Doña Ma. Andrea Garza Peña; es maestro normalista, perteneciente a la única Generación que ha podido establecer una tradición y un récord digno de ser imitado: su reunión anual desde hace cincuenta años, teniendo como punto principal de su agenda la visita a su querida Normal “Miguel F. Martínez” cuna de sus sueños, crisol de sus realidades, y para mí y mis hermanos, ejemplo de persistencia y confiabilidad.
Está casado con mi madre, la señora Paulina Arellano con la que comparte su tarea quijotesca de ver en la gente lo que ellos no podían creer que llegarían a convertirse, radica n en la modesta casa que sintetiza sus esfuerzos, economías, privaciones y sueños, el hogar BarreraArellano.
Inició sus estudios de educación primaria en 1935 en la escuela “Pedro José Méndez” de su pueblo natal y en 1938 emigró su familia hacia Linares, Nuevo León, inscribiéndolo en 1939 en la escuela primaria “Francisco I. Madero” de esta bella ciudad de la zona cítrica del Estado.
En 1942 inició sus estudios de secundaria en la escuela “Dr. Pedro Noriega” y los concluyó en 1945; como Linares ha sido una ciudad de fuerte tradición cultural, ahí mismo cursó en el periodo de 19451946 la carrera de Comercio en el “Colegio Linares”. Su vocación magisterial despertó, y sin dilación, en 1946 se inscribió en la Normal “Ing. Miguel F. Martínez” de Monterrey, egresando en 1949 pues en ese tiempo, la carrera tenía como antecedente la educación secundaria y su duración era de tres años, percibiendo en los grados segundo y tercero, una gratificación económica que mucho servía para pagar la “asistencia” de los alumnos foráneos, en alguna casa de huéspedes de las que abundaban en Monterrey, para beneplácito de los estudiantes de escasos recursos. En 1973 ingresó a la Normal Superior en la Especialidad de Ciencias Sociales, egresando en 1978 y obteniendo su título en 1979, foliado con el numeral 2208.
Anteriormente, allá por 1954, sintió atracción por los medios de comunicación y presentó solicitud y examen para ejercer como locutor, obteniendo la autorización respectiva mediante el Certificado No. 3179 Categoría “B” el día 8 de septiembre del citado año, en la Ciudad de México, esto le permitió desempeñarse ante los micrófonos de la estación XER de Linares, como locutor comercial, especializándose en la narración de juegos de béisbol, también transmitía un programa los sábados por la tarde, que patrocinaba la Tienda “Camisería y Deportes Peña” de su amigo y compadre “Pepe” Peña Carretero. Su labor magisterial se inició como “Maestro Ayudante” de la escuela primaria “Profr. Serafín Peña” en Monterrey durante el periodo de 1947 a 1949 mientras cursaba los dos últimos grados de su carrera. De 1949 a 1950 ejerció como Director de la escuela primaria “Pablo Livas” de Marín, N.L. y de 1950 a 1953 se desempeñó como maestro de planta en la escuela secundaria “Mariano Escobedo” de Linares. De 1953 a 1954 laboró en el Colegio “Linares” donde antes había sido alumno. En su magisterio al frente de adolescentes fomentó con especial entusiasmo el soft bol femenil ya que según sus propias palabras, le gusta “comenzar desde abajo y mediante el trabajo y dedicación, alcanzar los máximos galardones”. Precisamente de 1957 a 1960 mediante la práctica constante con sus alumnas, la organización de los equipos y el fogueo en torneos interiores logró para su escuela tres campeonatos en el ramo de escuelas foráneas y uno a nivel estatal, que testimonian los respectivos trofeos que guardan las vitrinas de la Secundaria No. 1 “Mariano Escobedo” de Linares.
Dice mi papá, con su estilo de docente y con la vivencia que le da su trayectoria “Fue en Linares donde tuve las más fructíferas experiencias, porque me tocó trabajar en una escuela donde el Director Profr. Tomás Rangel Rodríguez nos enseñó a desarrollar las más diversas actividades que formaron en mí el maestro preparado y presto a enfrentar los más variados problemas con decisión y entereza”.
Continúa... “Mi experiencia en la formación de los talleres de la escuela, fiel respuesta a la Reforma Educativa de las escuelas secundarias del país en 1964; es para mi el mayor logro adquirido, porque luchamos hombro con hombro, todo el personal, para lograr reunir los fondos necesarios para equipar los ocho talleres y colocar a la escuela como la primera del Estado”.
“Otra experiencia que logré en Linares, fue la adquisición de conocimientos en el manejo de la instrucción militar y las bandas de guerra”, “... pronto la participación de la Banda de Guerra de la escuela se hizo necesaria en todos los eventos de la escuela y de la ciudad, pero su misión principal era encabezar los desfiles e izar y arriar la bandera todos los días festivos en el asta de la Presidencia Municipal, a las 5:45 A.M. la Banda estaba formada frente al Palacio, a la primera campanada de las 6:00 hrs. Que tocaba el reloj de Catedral, se iniciaba el “Toque de Bandera”. “...tocamos algunas marchas alternando con la Banda de Música del Estado dirigida por don Gustavo Quiroga...”, “...creo que las generaciones egresadas en la época de don José J. Soto, Tomás Rangel R., Pablo Hernández Guzmán, Dolores Rangel R., Baldomero Cárdenas A., un servidor y otros cuyos nombres escapan a mi memoria, se sienten orgullosos de haber recibido las bases de su formación ciudadana en la escuela secundaria de Linares”.
Continúa mi padre, hablando ahora sobre el tema deportivo y nos dice “En 1960, aún se recordaba en Linares la gran hazaña de los Niños Campeones de 1957 y 1958, lograda bajo la dirección de César L. Faz. A Linares le llegó el gusanito de escribir sus propias hazañas en Ligas Pequeñas, con mucho esfuerzo un grupo de maestros entre los que me cuento, padres de familia y otras personas voluntarias, acaudillados por don Jaime Adame Lozano, hombre de negocios, deportista y espléndido con la niñez linarense, a él precisamente se debe la idea de la fundación de la Liga Pequeña de Linares, él supo conjuntar un grupo de amigos que aportamos el trabajo y la energía en el campo, el fue el soporte económico que el programa requería y siempre fue la chispa inspiradora para seguir adelante sin importar los fracasos. Debo mencionar a otros como Sotero Trujillo, Jesús Vega, El Dr. Bonny H. Collins, Elio Corona, Sergio Lumbreras, Benjamín Medina, Francisco Valdés, Julio Maldonado y otros hombres que supieron aportar su paciencia y sabiduría para enseñar a jugar béisbol a los niños de Linares, los dos primeros fueron seleccionados para manejar el equipo en 1967 y que tuvo su culminación al ganar finalmente al aguerrido equipo de Las Mitras para agenciarse el Campeonato Nacional y, por último, derrotar al equipo de Nicaragua (Chinandega) en el Parque de la Liga Cuauhtémoc de Monterrey y tener el derecho de representar a Latinoamérica en Williamsport, Pensilvania (USA), donde en 1967 se desempeñó del 22 al 26 de agosto de la forma siguiente: primer juego U.S.West California 0, Linares 1; segundo juego U. S. Nort Chicago Illinois 8, Linares 3; tercer juego U.S. East Newton Pensilvania 2, Linares 1. La Liga de Linares estuvo apadrinada por la Liga Pequeña Obispado de Monterrey, logramos inscribirnos en el Programa de Ligas Pequeñas con sede en Williamsport, Pensilvania. Fueron largos años de preparación, esfuerzos sin fin; recorrimos las ciudades de Monterrey, Monclova, Reynosa, México, y más, siempre defendiendo los colores de nuestra Liga, con resultados muy buenos deportivamente, pero no llegamos a la Meta, nos quedamos con el Cuarto Lugar mundial”.
“Me tocó ser Presidente de la Liga, eterno Secretario, asesor de jugadores, recopilador de estadísticas, conductor de los juegos, gerente de negocios en giras, promotor de la idea de que para tener éxito en el Programa de Ligas Pequeñas hay que comenzar desde abajo, formar niños que jueguen béisbol desde los seis o siete años, es mucho trabajo; pero si la idea es sacar un equipo campeón que represente al país en Williamsport, ese es el camino. Nosotros lo hicimos y lo logramos en 1967”. “Linares se dio a conocer en todo el mundo; yo estoy orgulloso haber trabajado en ese Programa, de haber llevado un equipo de una ciudad tan modesta a la cuna del béisbol infantil que es Williamsport, sueño de todo niño que participa en el Programa. La meta de las Ligas Pequeñas no es formar beisbolistas, sino mediante el juego, forjar ciudadanos ejemplares y responsables”.
En 1968 ascendió al cargo de Auxiliar en la escuela secundaria No. 4 “Miguel Alemán” de Monterrey, pasando luego como Sub director Secretario en la escuela secundaria No. 6 “Profr. Manuel E. González” de Guadalupe, N.L. , en el ciclo escolar de 1976 a 1977; y a la escuela secundaria No. 35 de Monterrey, “Profra. Elvira Maldonado” en el ciclo escolar de 1977 a 1979. De 1979 hasta 1983 se desempeñó como Director de la escuela secundaria No. 31 “Profr. Francisco J. Montemayor Martínez” de Monterrey.
De 1979 a 1991 colaboró en la Dirección de Educación Media como Coordinador Administrativo de los encargados del Despacho, profesores, Santiago R. Candanosa García e Ismael Vidales Delgado, sucesivamente.
En el lapso de 1969 a 1978 también laboró en la escuela normal del Centro de Estudios Universitarios (CEU) en el turno nocturno.
Los años de 1991 y 1992 laboró como Jefe Administrativo de la Unidad UPN 191 de la Universidad Pedagógica Nacional, en Monterrey, al lado del Director de la institución, maestro Ismael Vidales Delgado.
Daniel Barrera se expresa de sí mismo, en la forma siguiente: “Trabajé sólo tres años en la escuela primaria, la mayor parte de mi trabajo docente lo desempeñé en secundaria, a ella dediqué mi mayor esfuerzo, mi pasión y vocación de maestro. Sin embargo, fuera de las aulas encontré un campo propicio para desarrollar en mi tiempo libre una labor que me dio grandes satisfacciones”.
Concluye el maestro Barrera... “En Linares me desempeñé como maestro, instructor de carpintería, fomentador del deporte, instructor de bandas de guerra escolares, locutor y carpintero”.
“Hoy soy un maestro jubilado, vivo recreándome en mis recuerdos, acompañado de mi esposa y de mis hijos: Daniel, Martha Lorena, Eva Alicia, Patricia Guadalupe, María Eugenia, Gerardo Alberto, José de Jesús Martín, Ana Elizabeth y Carlos Eduardo”.
Retirado voluntariamente de su último encargo oficial, Jefe Administrativo de la Universidad Pedagógica en Monterrey, mi padre, Daniel Barrera Garza, sigue siendo ejemplo de salud, entereza, asiduidad, responsabilidad y sobre todo de hombría de bien para cuantos lo conocen y lo tratan.
Cedida por Francisco Valdemar Ramos Peña
El hombre es el águila que vuela;
la mujer el ruiseñor que canta;
volar es dominar el espacio,
cantar es conquistar el alma.
El hombre está donde termina la tierra;
la mujer donde comienza el cielo.
Anónimo
Reseñar 67 años de trabajo docente en un escrito breve, es una responsabilidad difícil de salvar y más tratándose de una persona con quien el compromiso, la amistad y el cariño nos ha unido durante un tiempo considerable; en mi voz escrita quisiera reflejar el pensamiento de tantos exalumnos que hemos tenido trato con la Profra. Nicea Treviño Cantú.
La Señora Nicea como respetuosa y afectivamente le hemos llamado, ha sido una gran dama que ha cosechado reconocimientos por su fructífera labor, ella representa para Montemorelos y la Región Centro y Sur del Estado de Nuevo León, una fuente viva de ejemplo, trabajo y pundonor, donde los maestros de estas regiones abrevamos nuestro sentimiento y vocación magisterial.
En un ejercicio retrospectivo de nuestra vida estudiantil por las aulas de la Escuela Normal “Profr. Serafín Peña”, es muy emotivo encontrarnos con el recuerdo de nuestra querida maestra, la Sra. Nicea, quien con voz y gesto amable nos convocaba a cumplir con nuestros deberes, a incorporarnos al grupo de trabajo y a no claudicar, para nosotros el recuerdo de aquella singular y hermosa pareja formada por el Profr. Carlos Treviño Quiroga y su esposa la Profra. Nicea Treviño de Treviño, simbolizaban muchas horas y páginas de la historia, el surgimiento y vida de nuestra Escuela Normal (Profr. Serafín Peña). Aún en nuestros recuerdos se aviva la emoción; cuando en los primeros días de ingreso a la institución entonábamos el himno de nuestra escuela, ante la mirada firme del Maestro Carlos Treviño y la sonrisa dulce de la Señora Nicea, ellos infundieron en nosotros, una identidad y un sentido de pertenencia por el normalismo, que ha sido guía indeclinable de nuestro paso por el magisterio.
La Profra. Nicea Treviño Cantú nace un 12 de enero de 1917 en Montemorelos, Nuevo León, en el seno de una familia de doce hermanos, siendo sus padres el Sr. Antonio Treviño Garza y la Sra. Carmen Cantú Galván, incluso es de destacar que la Sra. Carmen Cantú era descendiente directa de los fundadores del antiguo Valle del Pilón, hoy Montemorelos, N.L.
Una agradable sensación de recuerdos, remembranzas e incluso anécdotas es la plática con nuestra Maestra Nicea Treviño, quien con lucidez y voz emocionada cita pasajes de la vida de Montemorelos, su sociedad, sus costumbres y modos de vida de principios y mediados de siglo anterior, con sencillez y humildad evoca los trabajos de gestoría y relaciones, que su esposo el Profr. Carlos Treviño Quiroga y otros destacados maestros como el Profr. Ciro R. Cantú conllevaron para lograr la apertura y fundación de nuestra Escuela Normal, recuerda con singular interés afectivo como recorrían calles y comunidades invitando a jóvenes que ejercían el magisterio de forma empírica para que se inscribieran en la Normal; del acervo de sus recuerdos y anécdotas, quiero compartir con ustedes una que por su peculiaridad me llamó la atención; resulta que un buen día, hasta Montemorelos llegó un ilustre visitante, por tal motivo se celebró una festividad que culminó con un baile de gala, la Sra. Nicea siendo una niña de escasos 6 años convenció a sus padres de que la llevaran a dicho evento; como todos los niños inquietos y con el gusto en el alma, a los primeros acordes de la orquesta empezó a bailar sola, levantándose de su asiento, luciendo su vestido vaporoso y cuál fue su sorpresa que aquel ilustre visitante la tomó de la mano y bailó con ella, dicho personaje era el Gral. Plutarco Elías Calles, y bueno fue todo un acontecimiento para la niña; pero lo importante del efecto vino después, a los días siguientes cuando regresó al Colegio después del fin de semana, sufrió severa reprimenda departe de la Madre Superiora quien en su calidad de Directora le manifestó que estaba en grave falta por haber bailado con el Gral. Calles, por aquello de los conflictos religiosos y que a una niña de su edad, lo que menos le importaba era por qué peleaban los adultos.
La Profra. Nicea Treviño de Treviño, culminó sus estudios de educación primaria en la Escuela “General Mariano Escobedo” de Montemorelos, Nuevo León, sus estudios de educación secundaria los cursó en la Escuela “Antonio de la Garza García”, también de ese municipio al igual que estudios de Comercio y Artes Femeniles.
Sus estudios profesionales como profesora de educación primaria, los cursó en la Ciudad de Monterrey, Nuevo León., en la Escuela Normal para maestros dependiente del Consejo de Cultura Superior hoy Escuela Normal Centenaria y Benemérita Ing. Miguel F. Martínez, la maestra Nicea cita con un gesto de gratitud plena que durante su estancia normalista, ésta Benemérita Institución estuvo dirigida primero por el Profr. Plinio D. Ordóñez y después por el Profr. Oziel Hinojosa.
Otro dato relevante de nuestra querida maestra Nicea, es que su paso como estudiante normalista estuvo coronado por un Primer Lugar de su generación durante los tres años de duración de su carrera.
El ejercicio profesional de la Profra. Nicea Treviño de Treviño se extiende desde 1933, cuando se inicia como Ayudante en las Escuelas Gral. Mariano Escobedo y David G. Berlanga en el municipio de Montemorelos, N.L. esto hasta 1938.
Durante la época de 1939 a 1941 se desempeñó como Ayudante de la Escuela Josefa Ortiz de Domínguez en la Ciudad de Monterrey, N.L.
De su actividad laboral con grupos de educación primaria la Profra. Nicea Treviño de Treviño, destaca una propuesta didáctica que se convirtió en satisfactoria y útil experiencia docente, se trató de una comunicación entre niños, a través de cartas; cita que en aquellos años el mundo no tenía la cercanía y agilidad de enlace comunicativo de este tiempo, fue así como sus alumnos se “carteaban” con otros niños de diferentes municipios del Estado de Nuevo León, a fin de conocer de sus costumbres, modos de vida, fiestas y tradiciones, condiciones y características del clima, etc.; entre risas y buen humor manifiesta que tanto ella como sus alumnos se convirtieron en un fiel precedente de las razones humanas, por las que se inventó el INTERNET y todos estos medios tecnológicos avanzados de comunicación.
Para 1940 obtiene su ascenso como Maestra de Planta de la Escuela Secundaria “Antonio de la Garza García” que ocupa hasta 1945. De 1945 a 1975 la Profra. Nicea Treviño de Treviño escribe una de sus más brillantes páginas de su vida personal y profesional al desempeñarse dentro de la Escuela Normal “Profr. Serafín Peña” como Mecanógrafa, Maestra de Planta, y Subdirectora de la misma Escuela.
Otra institución educativa a la cual la Profra. Nicea Treviño de Treviño ha entregado 57 años de su vida, servicio y entrega es el Instituto Hidalgo Montemorelos, A. C., institución particular a la cual llegó en 1943 como maestra por horas, posteriormente en compañía de su esposo el Profr. Carlos Treviño Quiroga lo adquieren y dirigen con un enfoque humanista destacado, ella se ha desempeñado como Subdirectora desde 1975, posteriormente con el apoyo de sus hijos han dado cobertura en tres campos importantes como son: Jardín de Niños, Primaria y Academia Comercial; en enero de 1999 la nombran Directora Ad Vitam de esta misma institución.
La vida personal de la Maestra Nicea también ha sido motivo de éxito y mérito, y es así como un 27 de diciembre de 1944 forma una distinguida familia al lado del hombre al que aún con intensidad ama y respeta, el Profr. Carlos Treviño Quiroga, (fallecido el 30 de diciembre de 1998) hombre destacado y de gran visión, un benemérito de la educación de estas regiones de nuestro estado; de ese honorable matrimonio nacieron dos hijos, también de vocación normalista, la Profra. María del Carmen y el Profr. Carlos Treviño Treviño; éste último hoy en día Director de la Escuela Normal “Profr. Serafín Peña”.
Como ya se ha citado, la vida de la Profra. Nicea, ha sido prolífica y así lo revela su obra cultural, donde entre otros datos encontramos: que se desempeñó como socia y colaboradora de la Corresponsalía de la Sociedad de Historia, Geografía y Estadística del Estado de Nuevo León; participó en la Organización de los Domingos Culturales que se llevaron a cabo en la Ciudad de Montemorelos, durante la Gestión Municipal de 19671969.
La construcción y fundación de escuelas, también fue otro de los retos planteados en su vida y fue así como participó en la gestoría y construcción de la Escuela Club de Leones No. 2, ubicada en la Comunidad denominada Lampacitos, Sección General Corona del municipio de Montemorelos, N.L.
El amor y preocupación por conservar y fortalecer la identidad de las generaciones nuevas por su tierra, llevó a la Profra. Nicea y al Profr. Carlos Treviño Quiroga a desplegar acciones del orden cultural que son dignas de rescatar; durante dos ocasiones en diferentes años: 1960 y 1974 coordinaron y organizaron una magna escenificación titulada Origen y Evolución del Pueblo de Montemorelos, un trabajo que implicó la convocatoria y la voluntad concurrente de toda la comunidad estudiantil de la cabecera municipal, participando más de 700 alumnos de diferentes instituciones educativas, en cada ocasión que se llevó a cabo dichos eventos.
En el año de 1968 colaboró en la coordinación del Primer Festival de la Canción titulado Belisario de Jesús García, autor de renombre nacional oriundo de Montemorelos, N.L.
En compañía de su esposo el Maestro Carlos Treviño Quiroga, también se distinguen por su trabajo literario y fue así como elaboraron la Biografía del Teniente Coronel Jesús Treviño Cárdenas, abanderado del Gral. Ignacio Zaragoza, ésta fue una obra que quedó pendiente de impresión en prensa, así como de su aprobación por la Sociedad de Historia, Geografía y Estadística. Así mismo su colaboración y coautoría se ha dado para difundir las biografías de hombres notables del Estado, sobre todo de Montemorelos, Nuevo León; necesario es precisar que estas biografías encontraron espacio importante de difusión en los domingos culturales, también coordinados por la Profra. Nicea; entre otras biografías rescatadas, elaboradas y difundidas fueron: Vida y Obra de José Ma. Parás y Ballesteros (Primer Gobernador Constitucional del Estado), Don Arnulfo Berlanga y Don Valeriano García Galván (Destacados citricultores). Con esta acción también quedó manifiesta la voluntad y deseo de difundir y arraigar en las generaciones sobre todo de jóvenes la identificación y el aprecio por su tierra, su pequeña patria (Montemorelos, N.L.).
La vida política y sindical también fue actividad que la Profra. Nicea Treviño de Treviño, desplegó con sumo interés y entrega, fue así como en 1934 participó como Delegada al Congreso de Unificación de Maestros Federales y Estatales en Monterrey, Nuevo León; participó como Delegada a Congresos de la Sección 43 del S.N.T.E., en por lo menos tres ocasiones, durante tres ejercicios sindicales fungió como Secretaria de Finanzas de la Delegación Octava de Maestros de la misma Sección 43 del S.N.T.E., con sede en Montemorelos; cabe mencionar que esta Delegación al igual que otras instituciones del municipio fueron instancias determinantes para la fundación de la Escuela Normal “Profr. Serafín Peña” (febrero 5 de 1946).
El Periódico “La Voz del Maestro” editado por la citada Delegación Octava, también fue fortalecido por el trabajo y la colaboración de nuestra querida maestra en los años de 1941 a 1943.
El 15 de mayo de 1963 la Profra. Nicea Treviño de Treviño es designada como representante del Magisterio Nuevoleonés para condecorar a la Profra. Eva Sámano de López Mateos.
Con respecto a su participación política durante el ejercicio municipal de 1961 a 1964 se desempeñó como Regidora de H. Ayuntamiento de su pueblo natal Montemorelos; ocupó la Diputación Suplente por el 9° Distrito al Congreso del Estado de Nuevo León durante los años de 1970 a 1972.
Su trabajo político fue acrisolado en su vocación de Servicio a la Comunidad y fue así como colaboró intensamente en Compañía de Alfabetización en el Sur de nuestro Estado, participó en la fundación del Reparto de Desayunos Escolares en el Municipio de Montemorelos en 1959 siendo Presidenta Estatal la Sra. Elena Hinojosa de Rangel.
De 1961 a 1967 se desempeñó como Secretaria del IPI (Instituto de Protección a la Infancia), el mismo Comité Municipal del IPI lo presidió de 1967 a 1969 durante la gestión de su esposo el Profr. Carlos Treviño Quiroga como Presidente Municipal; un hecho muy ponderable de esa época y que dejó testimonio de la capacidad de gestoría y vocación social de la Sra. Nicea, fue que de mil desayunos que se distribuían hasta antes de su gestión, logró aumentar a tres mil ciento cincuenta desayunos urbanos y rurales.
La vida y obra de la Profra. Nicea Treviño de Treviño ha sido reconocida por su mérito mismo es así como ha recibido reconocimientos como al Medalla Rafael Ramírez, la Medalla Ignacio M. Altamirano, la Medalla Profr. Miguel Guadiana Ibarra, así también fue distinguida con el Premio Ciudadana Nuevoleonesa Ejemplar nominación que recibió en compañía de su esposo (Profr. Carlos Treviño Quiroga) y esta distinción la recibieron del Consejo Directivo de la Feria de Monterrey en 1993; en 1999 la Universidad de Montemorelos le entregó como merecido reconocimiento la Medalla Dr. José Eleuterio González.
Las muestras de gratitud demostradas por la comunidad no han sido las menos, es así como reconocimientos y laudos numerosos ha recibido nuestra maestra, departe de diferentes instituciones de nuestro municipio y fuera del mismo, entre ellas: el Club de Leones, Club Rotario, Sociedad Mutualista de Obreros Hidalgo y diferentes Sociedades de Padres de Familia y Exalumnos, todos concurrimos en una idea común, la vocación y el cariño que la Maestra Nicea despliega para quienes han sido sus alumnos e incluso para aquellos que no lo fueron, dado que vive y siente el magisterio como una carrera de vida. Una mujer de digno ejemplo que siempre discreta y leal al trabajo de su esposo supo fortalecerlo sin protagonismos, más bien cultivando en alumnos y maestros valores de respeto, honestidad, lealtad. La vida de personas de extraordinaria entrega y vigor como la de la Maestra Nicea Treviño deben ser para las nuevas generaciones de maestros motivos de inspiración y faros de resplandeciente luz en el desempeño de esta modesta pero insustituible y digna labor del Magisterio.